Una cosa que no puede dejar de sorprender en esta ciudad es la cantidad ingente de comida que hay por todas partes, cada par de metro encuentras una cafetería, una deli, un puesto, una pizzeria y en cada una pequeña montaña de bocadillos, pasteles, tartas, galletas... todo muy bien colocadito y de colores muy vivos. Yo me preguntaba ayer si toda esa comida sera finalmente consumida o si terminará al acabar el dia llenando miles de contenedores. Pero supongo que si, porque cada lugar suele estas lleno de gente haciendo cola para pedir su ración.
Ah, y ahora con la cantidad de calorias que tiene cada alimento, que tiene su gracia, te comes una porción de tarta brutal y asi eres consciente de la bomba que te estas metiendo al cuerpo.
Tanta es la importancia que tiene la comida aqui que si le prestas atención Nueva York huele a eso, a comida muy picante. Son tan constantes los puestos callejeros de comida que a cada esquina te invade el aroma y uno se entrelaza con otro, como si hubiera una competencia olfativa para buscar clientes..
Y eso esta muy bien para algun dia o para ellos, pero Maria y yo , que no estamos en un hotel sino en una casa, hemos preferido hoy darnos el paseo, venir a nuestro apartamento y hacernos nuestra comida casera, que no sabes cuantas calorias son pero sienta mucho mejor.

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