UNA SEMANA


Siete días no son suficientes para saber si una ciudad encaja en ti o tu lo vas a hacer en ella. Las salidas son todavía las de un turista (y mas aquí donde siempre sospechas que tienes expresión de Paco Martínez Soria ) ; vas por las calles mas típicas, haces todas las compras que tenias previsto hacer, no te separas del mapa y te metes y pruebas aquello que te indican en las guias y sobre todo aun no conoces a nadie que te introduzca una capa mas interior de la vida diaria.
Aun tendré que seguir aterrizando un poco mas para valorar mis deseos de continuar aquí o dejarlo en una aventura corta y pasajera porque tampoco es cuestión de obcecarse.
Pero algo si que ya he podido saber, NY no es una ciudad donde uno pueda permanecer parado mucho tiempo, viviendo de las rentas, porque aquí las rentas te dan para poco. El supermercado es tan exigente para la cartera que o encuentras pronto la posibilidad de ingresos o mejor te planteas otras opciones.
Eso si, esta ciudad tiene una capacidad de seducción como pocas; sabes que ella es una señora dura, es fría, antipática a menudo y te grita al oído que te muevas, pero luego una tarde andando por las calles del SOHO o el Village , te hace un guiño, se pone guapa , te enseña un centímetro mas arriba de la rodilla y te deja prendado y sueñas con poder algún día tener la posibilidad de que aquella sea algún día tu realidad corriente de cada sábado.
No sé que ocurrira de aquí a tres meses pero es cierto que la aventura de estar aquí ya, el solo intentarlo, es fascinante.

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