El circo de mil pistas neoyorkino esta en plena función y yo vine a por mis tickets, que son caros y difíciles. Miré por todos los rincones y vi ojos que me decian no vengas, aquí se suda cada paso y el aire no siempre tiene un aroma agradable, no es como te lo imaginabas, amigo.
Pero las luces del espectáculo son demasiado atrayentes, demasiado seductoras ( por mucho polvo pesimista que haya esta época en el viento ) como para verlas desde el patio de butacas, en este lugar quieres saltar porque , sea por la razón que sea, te crees capaz de conseguir el tripe salto que haga colocar tu nombre en los futuros carteles. Siento que llegado aquí quedarse quieto ahora es la mayor cobardía, solo puedes echar el resto, volver si la autoridad lo permite.
Pero ahora vuelvo a mi país y si un día me tiembla el ánimo o tengo la tentación de acurrucarme en mi comodidad conocida de Madrid tendré que recordar aquel día que me imagine en el centro de la pista y sentí en mi piel que todo podía ser real.
La pelea es esta y esta aquí y ahora. En un pais donde tantas imágenes de largas carreteras te imaginas, es sencillo creerte en la ruta que se dirige a tu sueño, que quizás será larga, seca y difícil pero posible.

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